lunes, 19 de diciembre de 2011

Ceguera espiritual impide ver el devenir profético

   Son varias las causas espirituales por las que el mundo de hoy vive a espaldas del devenir profético, aunque esta a la vista y los eventos finales estén claramente en las Sagradas Escrituras.
   Podemos citar dos factores que impiden ver lo profético: la ceguera espiritual causada por doctrinas de racionalización de los eventos naturales y cotidianos así como la falsa espiritualidad derivada de un relativismo religioso, que tiende a la  búsqueda de la felicidad.
   La visión racionalista de que todo pasa por pura casualidad y sin la intervención divina, y su consecuente explicación científica a ultranza   es como un velo negro que cubre la visión espiritual de la que todo ser humano es capaz si la pide a Dios. La afirmación de que "el hombre le busca explicación a todas las cosas" es elemental en el mundo actual.
   Tanto la búsqueda de la felicidad con las llamadas religiones light  (aquellas  que pregonan que no existe el infierno y que el pecado no existe como tal), y por otra parte la racionalización explicada más arriba, forman parte de las doctrinas de espíritus engañadores descrita en I Timoteo 4:1 que dice: "Pero el Espíritu dice claramente que en los últimos tiempos algunos apostatarán de la fe, escuchando a espíritus engañadores y a doctrinas de demonios".
   Otro problema  es la incapacidad del hombre natural de percibir las cosas espirituales, tal como lo afirma también el apóstol Pablo, en I Corintios 2:14 al expresar: "Pero el hombre natural no capta las cosas que son del Espíritu de Dios porque para él son locura y no las puede conocer porque se han de discernir espiritualmente".
   Hay que observar que el apóstol Pablo habla de doctrina de demonios  o en otras palabras todo un sistema religioso, científico y filosófico compuesto de dogmas, experiencias, conjunto de ideas o razonamientos capaz de instruir, llevar al intelecto humano todas las cosas que causan la negación del espíritu de la verdad ( I Juan 4:6).
   Las doctrinas de demonios pueden ser científicas, religiosas o filosóficas.  Su relativo éxito en los humanos es que todas tienen un mismo fin: satisfacer las necesidades naturales, sensuales, económicas y de razonamiento sin reconocer a Dios y su Palabra.  El resultado de ellas es un corazón duro y entenebrecido.
   El lenguaje profético divino llevado por las Sagradas Escrituras se contrapone contra todo un sistema demoníaco que lo "explica todo" para un mundo que busca respuestas fuera de Dios. Una especie de sabiduría idolátrica que prefiere adorar la sensualidad y el culto al éxito material y al placer, apoyado en un racionalismo científico y filosófico.